Renan Socualaya.
No abras la
puerta
Han pasado tres años desde aquella noche.
Yo no debí haber estado ahí, ellos lo sabían. Ese día
salí muy temprano a la casa de un amigo, sus padres no estarían y tenía un
nuevo videojuego de terror; pasaríamos toda la noche jugando.
todo empieza.
Aquel día llegué alrededor de las 8:00 p.m. a su casa.
Sus padres habían salido desde temprano y él había preparado todo lo necesario
para pasar jugando toda la noche. Al día siguiente no habría clases, así que yo
regresaría a mi casa por la mañana. Pasamos un buen rato jugando, el tiempo
pasó tan pronto que cuando nos dimos cuenta ya era la una de la madrugada. Nos
habíamos llevado algunos sustos con el juego, así que comenzamos a hacer bromas
con la situación; ahí fue cuando todo se puso raro. Empezamos a escuchar ruidos
extraños afuera de la habitación, que al principio pensábamos que no era nada
importante, e hicimos algunos chistes en relación a lo que jugábamos. “Deben
ser los zombis”, nosotros sólo reíamos. Pero nos comenzamos a poner tensos
cuando el sonido se oía más claro: eran pisadas, se escuchaban pisadas por todo
el pasillo de afuera.
—¿Crees que tus padres hayan regresado? —le pregunté,
a lo que él respondió que sus padres regresarían hasta el día siguiente, por la
tarde. Además, el número de pasos que se escuchaban eran demasiados como para
ser sólo sus padres.
De pronto, luego de oír todos esos pasos acercándose
cada vez más a la puerta, hubo un profundo silencio.
—¿Hay alguien afuera?… ¿Quién está ahí? —comenzamos a
preguntar nerviosos. Estábamos seguros de que había alguien afuera, pero esos
sonidos… ¿quién podría ser? En la habitación en la que estábamos había una
computadora que mi amigo había encendido desde que comenzamos a jugar, era una
costumbre suya. Se escuchó un sonido que provenía de ella, un sonido familiar,
pero que por el miedo que teníamos en ese momento nos provocó una reacción de
sobresalto a ambos. Era sólo un correo electrónico que le había llegado, pues
también había dejado la ventana de su correo abierta. Ver esto nos dio algo de
sosiego, y hasta reímos un poco; sin embargo, la tensión volvió a nosotros al
notar que la dirección de quien lo enviaba era irreconocible, una combinación
aleatoria de números y letras. Dudamos abrirlo, pero mi amigo decidió hacerlo.
Quedamos completamente paralizados tras leer lo que decía el correo:
”Pase lo que pase, no abras la puerta”.
Con tan solo leer esas palabras, una sensación
completamente rara invadió mi corazón. En ese momento realmente sentía pánico,
pero el mensaje decía más.
”Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas,
escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo
hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un
familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán
que están lastimados, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que
escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana
todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor,
créeme, ¡no abras la puerta!”.
Cuando terminamos de leer yo no sabía qué pensar. Tal
vez era una broma tonta de alguien, tal vez incluso era mi amigo quien me
jugaba una broma… pero él tenia esa expresión, estaba tan asustado como yo, lo
pude sentir. Ahora sabíamos que había alguien ahí afuera, tras la puerta. De
pronto, llegó el momento más aterrador que nos pudimos esperar; en ese instante
un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y me dejó paralizado. Una voz se escuchó,
provenía de atrás de la puerta. Mi amigo estaba seguro y yo lo puedo
corroborar: la voz era la de su madre.
—Hijo por favor ábreme, tu padre y yo tuvimos un
accidente en el auto, estamos muy lastimados… por favor, abre, ayúdanos —Al
escuchar esto mi amigo sólo retrocedió un paso. Aún puedo recordar esa
expresión en su rostro, estaba en shock. Estoy seguro de que ninguno de los dos
lo creíamos ni sabíamos qué hacer.
—Hijo por favor, abre, ¿qué esperas? Necesitamos tu
ayuda… —Sin lugar a dudas, ésa era la voz de su padre. Eran las voces moribundas
de sus padres tras la puerta, clamando por ayuda. Mi amigo y yo permanecimos
sin reacción por algunos segundos, después él se volteó lentamente, y me dijo:
—Esos realmente son mis padres. Necesitan ayuda,
abriré la puerta.
Se propuso dirigirse hacia la puerta, pero lo detuve.
—Recuerda el correo, lo que nos dijo que pasaría, ¿no
se te hace extraño?, ¿qué tal si es verdad y ellos no son tus padres? —Él lo
único que hizo fue hacer que lo soltara. “No digas tonterías”, me dijo. “Tú los
escuchaste, ésas eran las voces de mis padres. El correo debe de ser una
estúpida coincidencia”. Se dirigió a la puerta sin que pudiera hacer nada.
La verdad, no sé qué me hizo hacerlo, pudo ser el
miedo que me invadía… pero al verlo dirigirse a la puerta, lo único que pensé
fue correr hacia el armario en donde mi amigo guardaba algunas de sus cosas y
esconderme ahí. No sabía lo que pasaría, pero en verdad tenía miedo.
Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y
hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Él abrió la puerta, y después
sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarrantes, llenos de dolor y
terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, hasta que después de
unas horas me quedé dormido.
Al despertar por la mañana, me extrañó ver el lugar en
que me encontraba, y luego lo recordé todo. Salí del armario y en la habitación
no había nadie. Noté de inmediato que ya era de día y que la puerta estaba
abierta, así que decidí salir. Busqué por toda la casa esperando encontrarlo y
que me dijera que todo había sido una broma, pero mi amigo no estaba. En la
tarde llegaron sus padres y les conté lo sucedido, llamaron a la policía y lo
buscaron por días, pero él nunca apareció. El correo que le había llegado esa
noche también desapareció, y para ser honesto creo que nadie creyó nada de lo
que les había contado.
Aunque… no importa que nadie me creyera, yo sé lo que
pasó esa noche y sé que ellos estaban ahí afuera. También sé que no debí haber
estado ahí, que no debería saber que ellos existen.
Aún no sé por qué lo hacen, creo que sólo tratan de
divertirse con las personas, con su pánico… alguna especie de juego. Cada día
lo analizo y trato de aprender más de ellos; sé que sólo llegan en la noche y
que pueden imitar cualquier voz, que si no abres la puerta se irán y también
creo que siempre recibirás ese extraño mensaje de advertencia, debe ser parte
de su macabro juego.
No debí estar ahí ese día, y no debería saber que
ellos existen. Sé que algún día regresaran por mí, pero pase lo que pase, no
abriré la puerta.
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